Hace poco ví The Raid, un film indonesio que según creo se estrenó en nuestro país en el festival de Sitges 2012. Me resulta curioso que, tras el visionado anterior de la nueva versión de Dredd, ambas compartieran montones de características: sucias, violentas e implacables. Empecemos.

Échale huevos y entra.
The Raid se desarrolla desde el punto de vista de un comando especial de la policía indonesia que se lanza al asalto de un edificio tomado por los peores criminales y drogadictos varios. Dicho edificio está gobernado por un narco y sus secuaces, y cuando descubren que la policía armada hasta los dientes ha entrado en sus dominios, decide cerrar a cal y canto y darles caza con todos sus hombres. A partir de aquí se desarrolla una matanza brutal de polis y malos en las que la finalidad del asalto queda cada vez más en entredicho.
Es una cinta violenta a más no poder, llena de balazos, machetes y tipos pasados de rosca que se dedican a darse palos sin descanso. La acción es constante, como la sangre que corre a ríos por los pasillos del edificio. No hay un gran argumento: entrar, matar y salir con el jefe de la banda. Los tiroteos están rodados con bastante soltura, como las buenas coreografías de peleas: las actuaciones, correctas para lo que se pueda esperar y la atmósfera muy conseguida, muy creíble dado que sucede todo dentro de un bloque de viviendas marginal.
Una peli de acción trepidante y claustrofóbica que hará las delicias de los apasionados de este cine… y el asco de los odiosos del gore.
Dredd es un film que comparte un montón de detalles con la anterior. Basada en el cómic original de John Wagner y Carlos Ezquerra, trata de un juez de la megalópolis futurista Mega-City One. Su papel es el de juez, jurado y verdugo con toques fascistoides, un personaje

Correrá sangre…
implacable e inmisericorde que no duda en castigar con la muerte el más pequeño delito. Dependiente del Departamento de Justicia, trata de imponer el orden en la caótica ciudad pasando por encima de quien sea necesario. Sin concesiones, sin perdón. En el film de 2012, la acción se desarrolla en la misma ciudad, aunque dentro (como en The Raid) de un solo edificio: Peach Trees, una gigantesca construcción de 200 plantas que alberga 75000 personas. Se han cometido tres asesinatos y el juez Dredd y su compañera novata Anderson entran para esclarecer la situación. El bloque está controlado por una narcotraficante apodada Ma-Ma, una despiadada criminal que gobierna Peach Trees con mano de hierro. Cuando los jueces detienen a uno de los cabecillas de su banda, Ma-Ma cierra el bloque y hace un llamamiento a los ciudadanos para que les den caza… y empieza la locura.
En Dredd no faltan escenas superviolentas: tiroteos bestiales, armas pesadas, explosiones, matanzas múltiples y casquerías varias. A diferencia con The Raid no son una veintena de hombres contra muchos, sino que Dredd y Anderson se lían a ostia limpia contra cientos de delincuentes que, por supuesto, reciben hasta en el carnet de identidad.
Me sorprendió que una película de acción con un presupuesto modesto (45M de dólares) pudiese gustarme tanto. Como en la anterior, la acción apenas decae en algún momento, los efectos especiales son muy decentes, especialmente cuando alguno se chuta con la droga de moda SloMo. Las actuaciones son correctas, con Karl Urban en el papel del cara-de-cemento Dredd (atentos a la forma de su boca durante todo el metraje), la joven Olivia Thirlby como la psíquica mutante Anderson o Lena Headey como Ma-Ma. Buena fotografía, acción palomitera de la de toda la vida y gore a raudales. Fuck yea!
PD: atentos a la brutal escena del mendigo o la de “bola de fuego”.
Ambas películas son muy recomendables.
